
Los nuevos máximos que está alcanzando la vivienda en España han vuelto a despertar los recuerdos de la crisis inmobiliaria de 2008. No obstante, las condiciones del mercado son diferentes a las de aquella época y existen varios factores que explican por qué la situación actual no responde al mismo patrón.
En el ciclo anterior, el fuerte crecimiento del crédito hipotecario fue uno de los grandes impulsores del mercado. En 2006, las nuevas hipotecas llegaron a equivaler al 17,7% del PIB. En la actualidad, esa proporción se ha reducido considerablemente y el ahorro acumulado por las familias tiene un mayor peso. También ha cambiado el tipo de financiación: aproximadamente un tercio de las hipotecas son ahora de tipo fijo, mientras que en 2007 predominaban claramente las variables.
La principal dificultad del mercado actual se encuentra en la oferta. España pasó de construir viviendas en exceso antes de la crisis a generar actualmente un volumen insuficiente. Según las estimaciones del Banco de España, el déficit acumulado podría rondar las 600.000 viviendas, mientras la demanda continúa creciendo.
Además, la demanda procede de perfiles diversos y cuenta con una importante presencia internacional. Hasta los primeros meses de 2025, los extranjeros realizaron aproximadamente el 18% de las operaciones, unas 133.000 compras. Al mismo tiempo, la economía española mantiene unas perspectivas de crecimiento favorables, con una previsión del 2,3%-2,4% para 2026, por encima de las principales economías europeas mencionadas.
El mercado cerró 2025 con más de 714.000 compraventas, su mejor resultado desde 2007. Estos datos muestran que el actual aumento de los precios está relacionado en buena medida con una oferta que no consigue satisfacer toda la demanda existente. Por ello, la situación actual no parece una repetición exacta de la burbuja de los años 2000, sino un mercado condicionado principalmente por la escasez de vivienda y por una demanda que mantiene su fortaleza.
FUENTE PERIODÍSTICA EXPANSIÓN